Revista sobre estudios e investigaciones del saber académico, 20 (20), enero /diciembre de 2026 ISSN: 2078-5577 e-ISSN: 2078-7928 5/10
Le proporcionan una lista de tutores, donde había algo
así como diez nombres. Selecciona uno de ellos, se
comunica con él, luego de muchas idas y vueltas logra
respuesta del profesor que acepta ser su tutor. Eddy
comienza de nuevo el camino formal de comunicar a
la universidad. Trabaja en soledad, no hay
retroalimentación con el tutor, Eddy hace lo que
puede, como puede. Envía el Protocolo de tesis a la
universidad, después de un largo periodo de tiempo
llega el dictamen. Eddy comprende algunas cosas,
otras cuestiones estaban muy difusas y otras
simplemente no era posible atinar en el blanco.
Corrige y vuelve a enviar. Posteriormente y a casi un
año comunican a Eddy que su Protocolo no puede ser
aprobado y le dicen: “se nota que trabajaste solo sin tu
tutor”. Nuevamente busca un tutor, de la Universidad
le mencionan a un referente en el tema, Eddy lo
contacta, el tutor acepta. Comienza de nuevo su andar,
correcciones, idas y vueltas. Pensó: ¿será que lo que
escribo es tan malo? Hay un mayor vínculo con el
tutor, sin embargo, las devoluciones demoran mucho,
lo que hace que se pierda el hilo del trabajo. Cada vez
que llegaba un mensaje de la universidad o del tutor,
Eddy siente que el estómago se le revuelve, le oprime
el pecho. Abre su computadora, busca el archivo,
siente ansiedad, depresión, el aire se vuelve denso, no
puede contener. Tiene episodios de insomnio,
contracturas en el cuello, que se convierten en
migrañas. Mira su escritorio, en una esquina de la
habitación y le trae malos recuerdos: la tesis. A veces
dejaba pasar un tiempo y luego continuaba con su
tesis. Varias veces pensó rendirse y no continuar con
el TFG. Se dijo para sí: si hubiera pagado como
muchos compañeros ya habría tenido la tesis. Pero en
realidad, no lo consideraba una opción verdadera, era
sólo una expresión de escape. Por otro lado, estaba su
familia, que, si bien lo apoyaba emocionalmente,
también ejercía una cierta presión para finalizar el acto
académico de una vez. Sentía que, representada una
cierta decepción, flotaba en el aire algo así como: todo
el mundo termina y vos cómo no podés terminar tu
carrera. Fueron días muy grises, patológicos, de
mucha soledad. Respecto a la universidad, Eddy lo
describe como una máquina de cobrar cuotas que
prácticamente le soltó la mano al final. En la
Pandemia, todo fue muy caótico y después siguió
igual, no se podía hablar con nadie, se hablaba con
máquinas, en un camino con demasiados trámites
burocráticos. Eddy se sentía un número de identidad,
no un estudiante en formación.
Tercer acto: humo blanco
Al final del tercer año de trabajo en su proyecto de
tesis, Eddy lo tiene a punto (una vez más según él).
Por fin, viene la aprobación de la universidad. Le fijan
fecha tentativa y luego fecha definitiva para su
presentación. Llegó el gran día, Eddy se vistió de traje,
no lo podía creer. ¡Se entrelazan los nervios con la
ansiedad (pero diferente a la experimentada cuando
corregía su trabajo) y la emoción! Toda su familia está
allí, el tutor, el tribunal. Eddy presenta su trabajo, lo
hace muy bien. Finaliza el acto académico. Todos
hacen mutis, son invitados a retirarse para la
evaluación. Vuelven a ingresar a la sala: ¡Eddy por fin
consiguió su título de grado! La familia saca un birrete
de Goma Eva, se lo ponen en la cabeza. Capturan el
instante, hacen un brindis. Baja el telón, el acto
termina.
El paso del testimonio oral al formato de tres actos es
una estrategia de análisis narrativo legítimo que
organiza la temporalidad del trauma y la resiliencia
académica, facilitando la codificación analítica.
Así, la primera categorización abierta se realizó
utilizando la Inteligencia Artificial del Programa
ATLAS.ti y arrojó 27 códigos que fueron depurados,
para quedar finalmente 14 códigos distribuidos en las
tres dimensiones analizadas. La tabla 1 muestra que
la dimensión emocional cuenta con la mayor cantidad
de códigos (8 en total) y de citas (15 en total), seguido